DíA DE LA SANTA MISA DE LA CRUZ PARA LOS TRABAJADORES DE LA CONSTRUCCIóN

By Archbishop Gomez
May 03, 2019


Mis queridos hermanos y hermanas,1

Me da mucha alegría estar con ustedes para celebrar este día de la Santa Cruz y especialmente para rendirle homenaje al trabajo que ustedes realizan.

A principios de esta semana —el miércoles pasado— la Iglesia celebró la fiesta del padre adoptivo de Jesús, San José, que fue carpintero, maestro de obras.

San José fue el hombre más cercano a Jesús y fue él quien le enseñó a Jesús a trabajar con las manos y quien le transmitió las habilidades que necesitaba para trabajar en la construcción.

Existe una hermosa tradición en la Iglesia de venerar la dignidad del trabajo humano.

Todo lo que hace Jesús, todo lo que él toca, lo santifica, lo hace sagrado, lo convierte en un camino hacia Dios.

Jesús trabajó todos los días hasta que empezó su ministerio cuando tenía aproximadamente 30 años2. Cuando dio inicio a su ministerio, todos hablaban refiriéndose a él como el carpintero o el hijo del carpintero3. Así es como lo identificaban.

Jesús era un hombre trabajador. Un carpintero, un constructor. La mayor parte de la vida de Jesús fue oculta: él iba a trabajar, hacía su trabajo diario, se ganaba la vida y volvía cansado a casa. Justo como cada uno de ustedes. Igual que la mayoría de los hombres y mujeres en cada momento y en cada lugar.

Y él hizo todo esto por nosotros. Él era el Santo de Dios y sin embargo vivió entre nosotros, trabajando con manos humanas, amando con un corazón humano.

Jesús trabajó para mostrarnos lo importante que es nuestro trabajo. Trabajó para que pudiéramos entender que nuestro trabajo es un camino hacia Dios, sin importar en qué consista. ¡Nuestro trabajo puede santificarnos, puede hacernos como Jesús!

Mis queridos hermanos y hermanas, tenemos que recordar eso. Lo que ustedes hacen en su trabajo es más que una manera de ganar dinero o de llevar alimentos a casa. Su trabajo es una forma de servicio, de servir a nuestras familias, de servir a nuestra comunidad, de construir el Reino de Dios.

San Pablo solía decir: “Hagan lo que hagan, todo háganlo para la gloria de Dios” 4.

Por eso, estas cruces que ustedes traen hoy son tan especiales. Nuestro trabajo puede ser bendecido y puede ser una bendición para los demás.

Las lecturas de la Sagrada Escritura que acabamos de escuchar hoy centran nuestra atención en la Santa Cruz de Jesús.

En la primera lectura que escuchamos hoy, Moisés eleva una cruz, usando un palo y una serpiente, y todos los que la miran son sanados.

En el Evangelio Jesús habla acerca de esa escena y nos dice que él será levantado sobre la Cruz “para que todos los que crean en él tengan vida eterna”.

Jesús murió en la cruz por ustedes y por mí.

Entonces, cuando vemos una cruz colgada en la pared de nuestra casa, o un crucifijo que cuelga de nuestro espejo retrovisor, o de un rosario que llevamos en el bolsillo, tenemos que recordar que esto es el máximo signo del amor de Dios, de su amor personal por ustedes y por mí.

¡Dios te ama tanto que fue clavado en esa Cruz por ti! ¡Ten presente su amor!

Y como todos sabemos, Jesús nos llama a tomar nuestra propia cruz y a seguirlo5. Así es como él quiere que vivamos: como él vivió.

En la segunda lectura de hoy, San Pablo nos dice que Jesús se humilló a sí mismo para convertirse en siervo, para hacer todo lo posible para darle gloria a Dios y para hacer la voluntad de Dios, “haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz”.

Mis queridos hermanos y hermanas, pidamos hoy la gracia y la fortaleza para tomar nuestra cruz y seguir a Jesús, para imitarlo, tratando de ser humildes, de servir a la gente.

Jesús se ofreció en la cruz por la vida del mundo y él quiere que cada uno de nosotros hagamos lo mismo. Él quiere que hagamos de nuestra vida algo hermoso que le ofrezcamos en todo lo que hacemos, que intentemos hacer todo por amor a Dios y por ayudar a los demás.

Entonces, ¡pidamos eso en nuestra oración de hoy!

Jesús vino a estar con nosotros para ser nuestro amigo, nuestro compañero, nuestro acompañante en el viaje.

¡Y pidámosle a nuestra Santísima Madre, la Virgen María de Guadalupe, que nos ayude a caminar con Jesús y a hacer todo lo posible por seguirlo a él y hacer su voluntad, tanto en el trabajo, como en el hogar y en nuestra sociedad!

1. Lecturas (Fiesta de la Exaltación de la Santa Crus): Núm 21, 4b-9; Sal 78,1b-2, 34-38; Fil 2, 6-11; Jn 3,13-17.

2. Lc 3, 23.

3. Mt 13, 55; Mc 6, 3.

4. 1 Cor 10, 31.

5. Mt 10, 38; Mc 8,34; Lc 9,23.

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