16º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 2020

By Archbishop Gomez
Cathedral of Our Lady of the Angels
July 19, 2020
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Queridos hermanos y hermanas en Cristo,1

Como acabamos de escuchar, este domingo Nuestro Señor nos está hablando nuevamente en parábolas acerca del Reino de los cielos.

Y estas parábolas nos transmiten un mensaje importante para este momento. Estos son tiempos difíciles; siguen siéndolo. Y las lecturas que escuchamos hoy son muy oportunas. Son palabras de Dios Nuestro Señor que nos dan una gran esperanza.

La primera lectura de hoy, del maravilloso libro de la Sabiduría, nos dice que Dios “cuida de todas las cosas” y “que has llenado a tus hijos de una dulce esperanza”

Nunca podemos olvidarnos de que Dios tiene un plan para su creación y para cada uno de nosotros. Algunas veces no lo vemos, no podemos entender lo que Dios está haciendo o el motivo por el cual está permitiendo que las cosas sucedan del modo en que suceden.

Los caminos de Dios no son nuestros caminos, hermanos y hermanas. Nosotros siempre estamos pensando en el momento presente, pensamos en el “aquí y ahora”. Pero Dios ve las cosas a la luz de la eternidad. Las Escrituras nos dicen que mil años son como un día, para Dios Nuestro Señor2.

No tenemos que conocer todos los detalles del plan de Dios. Nuestra Santísima Madre María no lo sabía todo. Ella confiaba en la Palabra de Dios y Ella dijo: “hágase en mí según tu Palabra”.

Así debería suceder con nosotros. Esta es la manera en la que viven los santos. Hemos de confiar nuestra vida a las manos amorosas de Dios. Las palabras que decimos cuando rezamos el Padre Nuestro, “hágase tu voluntad”, han de ser la actitud que tengamos en nuestras vidas.

Pero necesitamos esforzarnos más para ver con los ojos de la fe. Todo lo que hay en la creación está ordenado para nuestro bien. Si nosotros amamos a Dios, si guardamos sus mandamientos, descubriremos que todos los caminos del Señor son de misericordia y de amor”3.

Hemos de vivir nuestra fe en Jesús en toda situación, tenemos que dirigir los acontecimientos de nuestras vidas y de nuestro mundo para cumplir la voluntad de Dios, que es siempre el amor y el cuidado de la persona humana.

En estos momentos que está viviendo nuestra sociedad, Dios nos está llamando a mantenernos firmes frente a los obstáculos, las dificultades y malentendidos. San Pablo nos dice en la segunda lectura de la Misa de hoy, que “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad”.

Somos débiles. Sin ninguna duda. Todos y cada uno de nosotros lo somos y tenemos debilidades. ¡Pero Dios es muy poderoso! Su amor es más fuerte que cualquier otra fuerza del universo. Eso significa que hemos de permitir que Dios sea nuestra fuerza.

La Iglesia sigue creciendo todavía y sigue difundiéndose y Jesús quiere que cada uno de nosotros tome parte en este hermoso desarrollo de su Reino.

Necesitamos pedirle al Espíritu que interceda por nosotros, como nos dice San Pablo: “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras”.

Tenemos que pedirle a Dios su ayuda para confiar más en él, para ser más amables, más bondadosos unos con otros.

Podemos hacer más bien del que nos podemos imaginar, simplemente siendo amables y tendiendo misericordia con los demás. Así es como Dios actúa con nosotros y así es como hemos de actuar unos con otros.

Cuando Jesús habla hoy sobre las malas hierbas y sobre el trigo, está hablando sobre el mundo en el que vivimos y está hablando acerca de la Iglesia y también acerca de nuestros corazones y de nuestras almas.

Queridos hermanos y hermanas, cuando dudamos de Dios, cuando cedemos a la tristeza o a la desesperación, somos como ese hombre de la parábola, que se duerme y llega luego el enemigo y planta malas hierbas que empiezan a crecer en nuestra alma y en nuestro corazón. No podemos dejar que eso suceda.

Pidamos hoy la gracia de arrancar las malas hierbas que han empezado a crecer en nuestros corazones durante estos días tan difíciles. Así podremos tener más espacio para que el amor de Dios crezca en nuestros corazones.

¡Tenemos tantas oportunidades cada día para proclamar a Dios Nuestro Señor con nuestras palabras y con nuestras acciones!

Pidamos descubrir la voluntad de Dios en cada momento, preguntémosle qué es lo que Él quiere en cada momento y cómo quiere que respondamos.

Pidamos también, hoy de modo especial, a nuestra Santísima Madre que interceda por nosotros y que nos ayude a seguir amando a Dios con todas nuestras fuerzas, a seguir amándonos unos a otros en nuestras familias, siendo más amables y comprensivos.

Si hacemos estas cosas en nuestra vida diaria, veremos cómo crece el Reino de Dios, primero en nuestros propios corazones, luego en los corazones de los que nos rodean y, finalmente, en toda nuestra sociedad.

1. Lecturas: Sab 12,13,16-19; Sal 86, 5-6, 9-10, 15-16; Rom 8, 26-27; Mt 13, 24-43.

2. Sal 90, 4; 2 Pe 3,8.

3. Sal 24,10.

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