LA CREACIóN Y EL FUTURE DEL MATRIMONIO

By Archbishop Gomez
July 06, 2015
Source: Vida Nueva
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La decisión que la Corte Suprema de Estados Unidos tomó de redefinir las leyes matrimoniales de la nación para incluir a las parejas del mismo sexo no es ninguna sorpresa.

Obergefell v. Hodges es una señal más de que hemos entrado en un momento “post-cristiano”, y tal vez incluso “anticristiano” de la vida pública estadounidense.

Pero a un nivel más profundo, la decisión refleja la crisis que nuestra sociedad experimenta con respecto a la comprensión de la creación y de la persona humana.

Esta crisis se ha estado preparando durante años.

Ya en 1992, la Corte escribió: “En el corazón de la libertad está el derecho a definir el propio concepto de la existencia, del universo y del misterio de la vida”.

La decisión de la semana pasada se basa en esta falsa idea de libertad.

La Corte dice que ha descubierto ahora que la libertad incluye el derecho de los hombres y de las mujeres a “definir y expresar su identidad… casándose con alguien de su mismo sexo y reconociéndose sus matrimonios como lícitos”.

Por supuesto, la libertad y los derechos humanos son un regalo de nuestro Creador. La ley no puede conferir dignidad a las personas. Sólo Dios puede hacerlo. Sin Dios, la dignidad humana desaparece.

Pero la opinión de los cinco jueces que conformaron la mayoría de la Corte refleja las pasiones y las prioridades de muchos de los que se encuentran a la cabeza de nuestra sociedad y la moldean en las áreas de la ley, del gobierno, de la educación, de la ciencia, de la industria y de los medios de comunicación.

De hecho, Obergefell expresa la misma mentalidad “antropocéntrica” y “tecnocrática” sobre la que el Papa Francisco nos pone en guardia en su nueva encíclica, Laudato Si’ (“Alabado Seas”).

El centro de esta mentalidad es un rechazo de la idea de la creación y de la naturaleza humana. Todo —el mundo natural, nuestras instituciones sociales, nuestros cuerpos físicos, incluso nuestro propio “ser”—, todo se convierte en una especie de “materia prima” que nosotros podemos estructurar de acuerdo a nuestra voluntad, utilizando para ello la tecnología, la psicología, e incluso la ley y la política social.

Este modo de pensar “tecnocrático”, explica el tono audaz de la regulación Obergefell.

La Corte expresa nobles pensamientos acerca de los propósitos “trascendentes” del matrimonio y de su importancia como “piedra angular” de nuestro orden social. Reconoce que el matrimonio ha existido “desde hace miles de años y en todas las civilizaciones”.

Pero los cinco magistrados que conformaron la mayoría de la Corte no aceptan que la sexualidad humana y el matrimonio son parte del orden de la creación. Para ellos, estos son sólo “constructos” que tenemos la libertad de “re-construir”, de acuerdo a nuestras preferencias.

A esto se debe que estos jueces puedan pensar que ellos tienen la sabiduría suficiente como para “recrear” esta institución que ha sido el fundamento de la civilización humana. Y es el motivo por el que pueden suponer que tienen el poder de descartar la definición de matrimonio —como la unión por toda la vida de un hombre y una mujer— que ha existido desde el principio de la historia.

Obergefell v. Hodges es una obra de creación social, escrita en un lenguaje emocional y a menudo sentimental. Reduce el matrimonio a un mero mecanismo para satisfacer los deseos personales de “expresión, intimidad y espiritualidad”.

El nuevo “derecho” al matrimonio entre personas del mismo sexo responde “al miedo universal de que una persona solitaria pueda clamar sólo para encontrarse con que no hay nadie allí”, dice la Corte.

Esto no es una visión de la persona humana, digna de los fundadores de Estados Unidos. Los fundadores construyeron este país en la creencia de que los hombres y las mujeres fueron creados con igual dignidad por nuestro Creador. Pero esto es precisamente lo que Obergefell niega: nuestro estado de “seres creados”.

Al expresar su opinión de desacuerdo, el juez Samuel Alito advierte que aquellos que no se conformen con la “nueva ortodoxia”, de la Corte serán vilipendiados y castigados por el gobierno, por los empleadores y por las escuelas.

Espero que él esté equivocado.

Pero la misión de la Iglesia sigue siendo la misma tanto en los momentos buenos como en los malos.

Nuestra sociedad necesita escuchar la hermosa verdad sobre la persona humana y sobre el plan de Dios para la creación; un plan que se centra en la familia, en los esposos y en las esposas y en los hijos. Este sigue siendo nuestro deber. Y estamos llamados a cumplir ese deber con amor y respeto para todos, sin excepciones ni excusas.

Tenemos que presentar una nueva “catequesis” de la creación, basada en la manera en que Dios nos creó y en que Dios creó el mundo.

Hemos de ayudar a que nuestros prójimos vean que nosotros no nos creamos a nosotros mismos y que cada uno de nosotros nació, ya sea hombre, ya sea mujer. Tenemos que recordarles que sólo la unión del hombre con la mujer puede crear nueva vida.

Es perturbador el hecho de que la visión de la Corte Suprema no incluya ningún rol necesario para los niños; quienes son considerados como meras “opciones” o “accesorios”.

Pero en la verdad de la creación, el matrimonio siempre apunta a la nueva creación, a una nueva vida, a la belleza de los niños nacidos a imagen de sus padres y a imagen de Dios.

Así, ahora que vamos a conmemorar la fundación de nuestra nación en esta semana, oremos por nuestro país y oremos unos por otros.

Sigamos construyendo una cultura de la familia y una cultura del matrimonio, recordando que vivir una vida santa y tener matrimonios buenos y familias fuertes, es algo que puede cambiar el mundo.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que nos ayude a fortalecer nuestra fe en el plan de Dios para nuestras vidas y para nuestro mundo.

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