LA CUARESMA ES UN TIEMPO DE SOLIDARIDAD Y DE PREOCUPARNOS POR LOS DEMáS

By Archbishop Gomez
February 14, 2015
Source: Vida Nueva
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La Cuaresma llegará temprano este año. De hecho, la próxima semana, el 18 de febrero es ya Miércoles de Ceniza, con lo cual empieza la Cuaresma.

La Cuaresma nos recuerda que nuestra vida cristiana es un peregrinar que hacemos con Jesucristo.

Durante la Cuaresma, somos más conscientes de que estamos siguiendo a Jesús en su camino hacia la Cruz, llevando nuestras propias cruces junto con Él. Durante estos 40 días tratamos de tomar parte en algunos de sus padecimientos. Por eso ayunamos, rezamos, hacemos sacrificios y nos negamos a nosotros mismos, tal como lo hizo Jesús.

Cada Cuaresma nos ofrece una nueva oportunidad para tomar más en serio nuestra conversión personal a Cristo, para tomar más en serio nuestros esfuerzos por convertirnos en las personas que Dios quiere que seamos. Las prácticas tradicionales de Cuaresma —el ayuno, la oración, la penitencia y la limosna— tienen como fin fortalecernos en nuestra identidad como hijos de Dios y seguidores de Jesús.

Entonces, durante la Cuaresma podemos tratar de asistir a la Misa diaria y podemos acudir a la confesión. Podemos hacer sacrificios y tratar de cuidar de los demás, ya sea visitando a nuestros vecinos o familiares que están enfermos o son de edad avanzada, o quizás tratando de encontrar más tiempo para estar con nuestros hijos o cónyuges.

Vivimos la Cuaresma en nuestras familias, pero al mismo tiempo nos unimos a las familias de todo el mundo. Estos son 40 días en los que compartimos una vivencia común con los católicos de todo el mundo.

Es hermoso pensar que estas hermosas prácticas las vivimos en unión con toda la Iglesia católica: el rezo del Rosario en familia, el Via Crucis, todos los pequeños sacrificios y prácticas de piedad que nos ayudan a crecer en la fe.

La Cuaresma es un tiempo de solidaridad, un tiempo para renovar los lazos que nos unen a los demás, no sólo en nuestras familias y en nuestras parroquias, sino también con nuestros prójimos.

La solidaridad no debe ser sólo un sentimiento; es algo que debe ser vivido y probado por medio de acciones prácticas, de acciones reales puestas al servicio de los demás.

Desde hace muchos años venimos participando durante la Cuaresma en el programa “Plato de Arroz” patrocinado por CRS (Catholic Relief Services), la organización de ayuda internacional de los obispos estadounidenses. 

El programa es una hermosa manera de que su oración, ayuno y limosna de Cuaresma marque una diferencia en la vida de los necesitados.

Otra forma de demostrar nuestra solidaridad es a través de la participación en el programa Unidos en Misión, nuestra campaña anual que empieza en la Cuaresma y que ayuda económicamente a nuestras parroquias y escuelas más pobres. Sus generosos donativos a Unidos en Misión ayudan a más de 175 mil familias y son un signo maravilloso de su amor cristiano.

En su mensaje para la Cuaresma de este año, el Papa Francisco establece una perspectiva exigente para vivir nuestra solidaridad hacia los demás durante este tiempo santo.

Él escribe: “Toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados…. podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.”

Jesús nos llamó a ir por todo el mundo para compartir con todos la belleza de nuestra fe católica. Podemos hacer esto en cosas pequeñas, escuchando o sirviendo a los demás en la vida cotidiana, en el hogar o en el trabajo.

El llamado de Jesús es un llamado hermoso. Por eso la Cuaresma es un tiempo de alegría, porque tenemos la oportunidad de hacer esfuerzos reales por amarnos unos a otros, especialmente a los miembros más pobres y más débiles de nuestra familia humana.

Entonces, ahora que empezamos este tiempo especial de gracia, oremos unos por otros. Que esta Cuaresma nos ayude a acercarnos más a Dios y a los demás. Que podamos darnos cuenta de que la solidaridad es parte de nuestra fe católica y que podamos encontrar nuevas formas prácticas de compartir el amor de Dios con todo el mundo.

Y pidámosle a la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra, que nos acompañe en nuestro camino cuaresmal.

Que ella nos ayude a crecer en nuestro sentido de solidaridad para que en cada persona con la que nos encontramos, podamos ver a un hermano o una hermana, un miembro de nuestra propia familia.

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