DEBATIENDO LA REFORMA MIGRATORIA

By Archbishop Gomez
February 16, 2018
Source: Vida Nueva
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En lo que escribo estas palabras, el Senado de los Estados Unidos acaba de empezar un debate abierto que decidirá el destino de 800,000 jóvenes que fueron traídos ilegalmente a este país cuando eran niños.

Desafortunadamente, su futuro está ahora vinculado a las cuestiones más amplias y complicadas sobre la manera de arreglar nuestro defectuoso sistema de inmigración.

Sigo creyendo que es cruel que nuestros políticos utilicen a estos jóvenes como “fichas de negociación”. Y ésta no es la manera de que una gran nación establezca sus políticas en un área tan crucial como la de la inmigración.

Yo tenía la esperanza de que el Congreso y el presidente se unieran para aprobar una legislación específica para otorgarle un estatus legal permanente a estos jóvenes, permaneciendo a la vez de acuerdo respecto a debatir estos temas más amplios, por separado.

No hay duda de que tenemos que reformar nuestra política de inmigración para cumplir con las nuevas realidades de la economía global y con la cambiante forma de una sociedad estadounidense en la que aproximadamente 10,000 baby boomers están llegando a la edad de la jubilación todos los días.

Esto es algo que requerirá de reflexión y de experiencia y, sobre todo, de tiempo.

Los asuntos involucrados son demasiado complejos y hay demasiadas cosas que están en juego como para que este debate se lleve a cabo con rapidez e intensidad ahora que estamos al inicio de lo que es un año electoral de mitad de período.

Existe todavía la posibilidad de que el Congreso cambie el rumbo. Pero eso no parece probable, dadas las realidades políticas actuales.

Los términos del debate están siendo ahora establecidos dentro del marco para la reforma migratoria que el presidente Trump presentó en su discurso sobre el Estado de la Unión, con el fin de proporcionar un camino para que los “Dreamers” obtengan la ciudadanía; para el financiamiento de nuevas medidas de seguridad fronteriza; para ponerle fin a Lotería de Visas de Diversidad y para restringir la inmigración basada en la familia.

Estoy en desacuerdo con muchos de los detalles del plan del presidente Trump, y me decepcionó profundamente que recurriera a ejemplos extremos al exponer su caso sobre la “migración en cadena”.

Pero todos los que hemos estado trabajando para la reforma y los derechos de los inmigrantes reconocemos que estas amplias áreas—la seguridad fronteriza, la modernización del proceso de visas y la concesión de un estatus legal a los indocumentados— son esenciales para reparar nuestro defectuoso sistema migratorio.

Entonces, espero que los miembros del Congreso y los abogados estén dispuestos por lo menos a comprometerse con este plan, con el ánimo de buscar un acuerdo y de tratar con compasión a aquellos que vinieron aquí en busca de una vida mejor.

En los últimos 30 años, hemos visto cómo ambos partidos políticos tratan de explotar este tema para favorecer su propia ventaja política. Esto sólo ha dado como resultado el dividir aún más a nuestra nación y el polarizar nuestra política. Y la gente sigue sufriendo y nuestras comunidades están padeciendo por ello. Y nuestro sistema de inmigración sigue siendo defectuoso.

Para mí, sería inaceptable dejar pasar este momento y correr el riesgo de llegar a la pesadilla humanitaria de que más de un millón de jóvenes sean deportados y sus familias sean separadas. No hay un objetivo político que pueda justificar tal resultado.

En lo personal, me alienta saber que el gobierno está proponiendo ahora un camino hacia la ciudadanía a estos 1,8 millones de “Dreamers”.

Esto es un signo de esperanza. Significa que nuestros líderes reconocen lo que les hemos estado diciendo durante muchos años: que no importa de qué manera hayan ingresado estas personas en este país, aun así son hermanos y hermanas nuestros, que intentan hacer su propia contribución al sueño estadounidense.

En cuanto a los problemas de seguridad, hemos estado diciendo nuevamente y lo hemos dicho durante muchos años, que nuestro país requiere de fronteras seguras. La manera como hagamos esto ha de ser decidida por los expertos. Pero el principio de la seguridad fronteriza es vital para que la reforma migratoria sea efectiva y creíble.

En lo que no estoy de acuerdo con la administración, es en el área de la reforma de las visas. Necesitamos un sistema de visas realista, que permita que los trabajadores vayan y vengan, y eso nos proporcionará los tipos de trabajadores (cualificados y no cualificados) que nuestra economía requiere.

Una cosa es acabar con la Lotería de Visas de Diversidad, ya que es un programa pequeño que no parece tener mucho impacto. Pero nunca tuvimos una política de inmigración que sólo busque a las personas por las habilidades que pueden ofrecer o por las contribuciones económicas que puedan aportar.

A lo largo de la historia de Estados Unidos, la política de inmigración siempre ha ido más allá de la mera economía, y se ha centrado en las familias, no sólo en los individuos.

La inmigración basada en la familia ha prestado maravillosos servicios a nuestro país. Las familias inmigrantes han construido vecindarios, iglesias e instituciones cívicas llenos de vida, en todas partes de Estados Unidos.

Es, pues, lógico, que mantengamos la unidad familiar en el centro de nuestra política de inmigración. Y la familia implica más que sólo la madre y el padre, más que sólo la hermana y el hermano. Abarca también a los abuelos, tíos y primos.

El acoger a las familias le ha permitido a nuestro país integrar a las sucesivas generaciones de inmigrantes en el tejido de la vida estadounidense, permitiéndoles contribuir con su fe, sus valores y talentos para que este país sea maravilloso.

Oren por mí esta semana y yo estaré orando por ustedes.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que cuide a nuestro país y que guíe a nuestros líderes para que hagan lo correcto.

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