POR ENCIMA DE TODO, HAY QUE ORAR

By Archbishop Gomez
February 20, 2016
Source: Vida Nueva
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Al terminar esta columna me encuentro en El Paso, Texas. El día de hoy, un poco más tarde, voy a cruzar la frontera junto con mis hermanos obispos de Estados Unidos y nos uniremos a los obispos de México para celebrar una Misa con el Papa Francisco, en Ciudad Juárez.

Como ustedes lo han hecho, he estado siguiendo la peregrinación del Papa a México con oración y un profundo interés. Su homilía en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe fue hermosa, y me llamó la atención por su frase final.

En ésta, él nos llama a salir y continuar la misión de San Juan Diego, esa obra que consiste en hacer del Continente Americano un “santuario de Dios”. Y el Papa aclaró que deberíamos acompañar a la gente de nuestro tiempo con las obras corporales y espirituales de misericordia.

“Y, sobre todo, roguemos y oremos a Dios”, dijo el Papa Francisco. “Y en el silencio digámosle lo que está en nuestro corazón”.

Por encima de todo, hay que orar.

El Papa nos recuerda que la oración no es un escape, no nos aparta de la vida. La oración nos sumerge, más profundamente, dentro del misterio del plan de Dios para la historia. La oración nos impulsa a buscar el rostro de Dios en el rostro de nuestros hermanos y hermanas; la oración nos llena de sentimientos de responsabilidad hacia la misión de compartir la promesa de la salvación de Cristo y la sanación con nuestros hermanos y hermanas dentro de la Iglesia.

El corazón de la misión cristiana y el corazón de la oración cristiana es el nombre de Jesús.

“Jesús” es el nombre divino revelado por Dios. Este nombre es santo, es el nombre que está por sobre todo nombre, y es el único nombre bajo el cielo por el cual podemos ser salvados. Los apóstoles predicaron y curaron en el nombre de Jesús, y echaron fuera demonios e hicieron milagros en su nombre.

Y los primeros ermitaños y monjes cristianos nos dejaron la tradición de usar el nombre de Jesús como una oración. Esta es una hermosa tradición que quiero recomendarles que incluyan dentro de su vida de oración.

Los católicos bizantinos y los cristianos ortodoxos orientales han estado siempre asociados a la que es conocida como “oración de Jesús”. En su forma clásica, la oración dice: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador”.

Pero la oración al santo nombre de Jesús tiene una larga tradición dentro de la Iglesia, y ha sido recomendada por Santos como Bernardo de Claraval y Bernardino de Siena. Cuando yo era adolescente, aprendí a orar diciendo: “Jesús, Jesús, se para mí siempre Jesús” (es decir, mi Salvador). Ésta es una hermosa y poderosa oración que todavía hago con mucha frecuencia.

Muchos cristianos practican la oración de Jesús repitiéndola lenta y suavemente mientras se concentran en el ritmo de su respiración. Por ejemplo, al inhalar dicen: “Señor, Jesucristo”, y al exhalar: “Hijo de Dios”. Al inhalar nuevamente, dicen: “Ten piedad de mí”, y al exhalar, “que soy un pecador”.

Pero la oración de Jesús no pretende ser una técnica de relajación o un hechizo mágico que repetimos con el fin de llamar a Dios. El punto importante de ella es ponerse uno mismo en la presencia del Dios vivo, en una actitud de humildad, amor y adoración, siendo conscientes de su cercanía, de que está presente dentro de nosotros y en toda la creación.

Me gusta la Oración de Jesús, porque nos ayuda a ofrecernos a Dios y a abrir el corazón a su misericordia. Todos y cada uno pueden decir la Oración de Jesús, en cualquier momento y en cualquier lugar, en el trabajo o en la escuela, al esperar el autobús, o al preparar la cena, al ayudar a los niños con su tarea o al salir a caminar. En cualquier lugar.

Con esta oración podemos santificar nuestro tiempo, haciendo del nombre de Jesús una especie de “música de fondo” espiritual para todo lo que hacemos durante el transcurso del día.

En su propia oración, puede ser que ustedes prefieran simplemente orar diciendo sólo el santo nombre de Jesús. De hecho, el Catecismo de la Iglesia Católica lo recomienda, diciendo que “la invocación del Santo Nombre de Jesús es siempre la manera más sencilla de orar”.

Ustedes pueden orar con el santo nombre de Jesús tal como lo harían con la Oración de Jesús, repitiendo su nombre en sus corazones, diciéndolo una y otra vez, en silencio, con amor y reverencia.

Decir su nombre los pone ante su presencia y su poder. Orar diciendo “Jesús” es acogerlo en nuestras vidas como el Hijo de Dios que murió y resucitó por nosotros y que sigue iluminando nuestros corazones y conduciéndonos por los caminos de este mundo.

Al repetir su nombre frecuentemente a lo largo de todo el día, ustedes unirán sus acciones a la obra de Él en el mundo, y eso los ayudará a conformar más sus acciones según el pensamiento y el corazón de Cristo, ajustando su voluntad con la de Él y sus propósitos con los propósitos que Él tiene.

De modo que esta semana, oremos unos por otros en el nombre de Jesús.

Y pidámosle a la Virgen de Guadalupe que nos acompañe. Que vele por nuestras familias y por todos los pueblos del Continente Americano, especialmente por las personas del pueblo mexicano, donde quiera que estén viviendo.

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