STATEMENT ON THE ANNOUNCEMENT OF PRESIDENTIAL EXECUTIVE ORDERS ON IMMIGRATION

By Archbishop Gomez
November 20, 2013

I am happy that some temporary relief is being offered to help parents and children who right now are living in daily fear that their families will be broken up by arrests and deportations.

But the President’s actions today are no substitute for the comprehensive immigration reform our nation needs.

Our system is broken and needs modernized to meet the realities of a global economy. Everyone knows that. And because the system is broken, many of our neighbors are suffering, including millions of families and children.

Too many families are being torn apart by deportations, uncertainty about their status, and delays in our visa process that can take years, even decades. Too many men and women who are immigrants are being exploited in the workplace and forced to live in society’s shadows.

As a nation, all of us — not only our leaders — have a responsibility. We cannot turn our heads and continue to look the other way while our brothers and sisters need our help. We all need to work together — citizens, faith communities, government agencies and elected officials.

So I welcome this action because it will provide some relief for millions of people who are in great need. But the relief is not permanent and the problems are still not fixed. Now is the time for us to make new efforts and new commitments to help our leaders in Washington set aside their differences and come together to find solutions that are just, compassionate, lasting and comprehensive.


 

Declaración acerca del Anuncio de las Órdenes Ejecutivas Presidenciales sobre la Inmigración

Monseñor José H. Gomez, Arzobispo de Los Ángeles

20 de noviembre de 2014

Me alegra saber que se ofrecerá un cierto alivio temporal para ayudar a padres e hijos que viven en un temor diario de que sus familias sean desintegradas por detenciones o deportaciones.

Pero las acciones que el Presidente está realizando hoy ciertamente no reemplazan la reforma integral de inmigración que nuestra nación necesita.

Nuestro sistema es defectuoso y necesita modernizarse para poder responder a las realidades de una economía global. Todo el mundo lo sabe. Y como el sistema es defectuoso, muchos de nuestros prójimos están sufriendo, y entre ellos, millones de familias y de niños.

Demasiadas familias están siendo divididas por las deportaciones, por la incertidumbre acerca de su estatus, y por los retrasos en nuestro proceso de visado que puede demorar años o incluso décadas. Demasiados hombres y mujeres indocumentados son explotados en sus lugares de trabajo y se ven obligados a vivir entre las sombras de la sociedad.

Como nación, todos nosotros —y no sólo nuestros líderes— tenemos una responsabilidad. No podemos volver la cabeza y mirar hacia el otro lado mientras nuestros hermanos y hermanas siguen necesitando nuestra ayuda. Tenemos que trabajar todos juntos: los ciudadanos, las comunidades de fe, las agencias gubernamentales y los funcionarios electos.

De manera que acojo esta acción, pues ofrecerá un alivio a millones de personas que están en gran necesidad. Pero este alivio no es permanente y todavía no presenta una solución definitiva para los problemas. Éste es el momento para que hagamos nuevos esfuerzos y renovemos nuestro compromiso de ayudar a que nuestros líderes en Washington dejen de lado sus diferencias y se unan para encontrar soluciones que sean justas, compasivas, duraderas y de amplio alcance.

 

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